jueves, 26 de noviembre de 2015

ALFONSO BARRETO: PSICÓLOGO Y ESCRITOR


Alfonso Barreto es psicólogo y terapeuta, con especialización en Aprendizaje Escolar y sus Dificultades. Dedicado hace 16 años a la educación de niños, jóvenes y adultos, en distintas instituciones educativas (colegios, universidades, fundaciones). Radicado en Santander, Colombia, donde convive con su esposa, Carolina, y dos hijos (Daniel y Natalia), también cultiva el cuento y la fábula como estrategia pedagógica y de renovación para con sus lectores. Comprometido con la formación de la familia, el cambio y la mejora individual, participa en proyectos formativos de tipo social, la prevención en riesgo psicosocial y la capacitación a nivel empresarial. Sus libros están enmarcados dentro del mejoramiento continuo de la persona, con un acentuado énfasis emocional y afectivo; desarrollo personal, lúdica de grupos y pedagogía, constituyen sus actuales líneas de producción intelectual. Una oportunidad para el lector que quiera aprender y mejorar su sentido de la vida y las relaciones con los demás.

LA EPISTEMOLOGÍA DE LA PSICOLOGÍA Y LOS CONSTRUCTOS INTERPRETATIVOS DEL COMPORTAMIENTO HUMANO


ALFONSO BARRETO

Universidad Minuto de Dios, Colombia (2015)
RESUMEN

     Hoy día se admite que la psicología es la ciencia del comportamiento y los procesos mentales. No obstante, en la época contemporánea sigue siendo su objeto de estudio un aspecto problemático, no definido, no resuelto como se pretendiera. La epistemología de la psicología, por su parte, ha estado en favor del rol del psicólogo, aunque la diversidad de escuelas, corrientes o teorías parecieran hablar de varios objetos de estudio psicológico. Los actos humanos, los hechos psicológicos, los constructos psicológicos, los sistemas psicológicos teóricos, son múltiples, y en la actualidad se aboga más por una psicología epistemológicamente aplicada, frente a las ilusorias pero sanas pretensiones de una ciencia psicológica pura. Por lo tanto, se propone en este artículo una serie de reflexiones y discusiones sobre la epistemología de la psicología que brinde aspectos teóricos positivos para el quehacer efectivo del profesional en psicología, independientemente de su enfoque o sistema de constructos preferido. Asimismo esto permite concluir que la psicología se admite como un saber multiparadigmático, multidisciplinario, multivariado, ecléctico, diversificado en su campo, que finalmente permite abordar el comportamiento humano desde distintos enfoques y con múltiples posibilidades aplicativas.


Palabras clave: Epistemología, psicología, corrientes psicológicas, constructo(s), conducta, objeto estudio psicología


 INTRODUCCIÓN 
     Toda ciencia o disciplina posee un “objeto de estudio” particular; esto indica que los participantes de dicha comunidad científica o disciplinar específica cuentan con una precisión, delimitación, legitimación de su quehacer intelectual e investigativo  frente a su objeto(s) de interés. En este sentido la ciencia crea lenguajes operativos que interpretan la realidad lo mejor posible. Como refiere Wolman (1960), la ciencia es una ciencia de signos y lenguaje, que permite la expresión y la comunicación de lo investigado. Pero, no porque esto sea así, ello indica que son menos los problemas lingüísticos de la psicología, muy dada a implementar infinita cantidad de constructos que igualmente implican innumerables procesos, presumiblemente perceptibles en la realidad.
     Asimismo, el debate entre las ciencias naturales y las ciencias humanas (Dilthey, 1883), es un evento epistemológicamente no solucionado, en el sentido de que las primeras cuentan con una mayor “pureza” en aquellas partes de la realidad que estudian e indagan; en el caso de las segundas, las ciencias humanas, no es tan diáfano el asunto por cuanto lo “humano” se presta a un infinito número de interpretaciones y especulaciones  teóricas; por ello, no puede pensarse igualmente en el análisis de los componentes químicos o físicos de un proceso natural, y en la personalidad del individuo como algo fácilmente analizable o explicable, como efectivamente ocurre, por ejemplo, con un compuesto químico. No obstante, las ciencias humanas cayeron en la tentación del modelo médico, biológico o natural en la exploración y estudio de la naturaleza humana. Las dificultades de ello derivaron en múltiples interpretaciones del comportamiento humano (¿diversos objetos psicológicos?), pero a la postre lo positivo radicaría en la plasticidad que la conducta humana en cuanto a su interpretación y especulación posibilitan. Así que caben varios interrogantes al respecto de la epistemología de la psicología y sus constructos teóricos: ¿Cómo entiende la psicología contemporánea su objeto de estudio? , ¿Se asume como ciencia o disciplina? ¿Cuáles son las funciones prácticas de los constructos psicológicos?, entre otras.


QUÉ ES LA PSICOLOGÍA

     Ya en el siglo XVIII diversos autores, entre ellos Brentano (1874), por citar un paradigma, escribía:
     “Y las otras ciencias son, de hecho, sólo la base; la psicología es como la coronación que concluye la obra. Todas las otras ciencias son una preparación para la psicología; ésta depende de todas pero, por su parte, es necesario que ejerza una influencia más poderosa sobre ellas. Es necesario que renueve la vida entera del hombre, que acelere y asegure el progreso. Y si, por un lado, parece ser la cumbre sobresaliente de la estructura de la ciencia, por otro, esta destinada a volverse la base de sociedad y de sus posesiones más nobles, y, por esto mismo, a volverse también la base de todo el esfuerzo de los investigadores.” (p. 16).

     El importante filósofo de la filosofía intencional expresaba los anhelos de la naciente “ciencia”; por una parte reconocía su herencia de otras ciencias o ramas de saber; pretendía unos nobles y largos alcances (impacto), como también se perfilaría como una “esperanza” para el ser humano “ayudando” a la sociedad en general.

     La psicología etimológicamente del griego deviene como “estudio del alma”, como Aristóteles mismo citaba en uno de sus trabajos peri psychis. Y desde allí el estudio del alma ha transitado por varios términos o constructos.  Brentano mismo, en dicha época notó los cambios en dicha concepción, y hoy día no son diferentes aunque debuten con otros constructos o términos particulares. Lo expresaba así.
    
     “En la terminología moderna la palabra "alma" se refiere al substrato sustancial de las representaciones así como de otras actividades que comparten con las representaciones el hecho de no ser inmediatamente perceptibles más que gracias a experiencias internas y que presuponen ellas mismas representaciones. Así, llamamos usualmente alma al substrato sustancial de una sensación, de una imagen o de un recuerdo, de actos de esperanza o temor, de un deseo o de una aversión.” (p. 20).
    
     Brentano (1874) percibió la integralidad del comportamiento humano; se manifiesta en emociones, actuaciones, afectos, sensaciones, percepciones, evocaciones, todos ellos eventos propios de la psicología en la actualidad y que han permitido cierta delimitación del objeto de estudio. Todo ello lo estudia la psicología; es posible que, epistemológicamente no haya una apropiación certera y explicativa de cómo ocurren dichos eventos, pero la psicología ha logrado “opinar”, “especular” sobre la conducta y sus derivados. Y hoy día lo hace interdisciplinariamente, consciente de la plasticidad dinámica del comportamiento y la singularidad de la personalidad del hombre.

     En consecuencia, y actualmente, es normal encontrar en el discurso psicológico, que la psicología estudia “los comportamientos humanos y los procesos mentales” (Atkinson et al, 2000); definición que integra tanto a posturas psicoanalíticas, conductistas, como a las perspectivas cognitivas, y demás corrientes psicológicas. Aunque el objeto de estudio no sea “puro”, los componentes que lo integran, circundan, definen o perfilan lo que el individuo como imaginario espera de la psicología: que es una voz, una postura, una profesión, un rol, una opinión, una autoridad, entre otros aspectos, acerca del comportamiento humano; que “hace algo” y “ayuda a algo” al individuo necesitado “psicológicamente” en sociedad.

LAS CONSTRUCCIONES PSICOLÓGICAS

     El lenguaje es una de las facultades superiores del hombre y posee diversas funciones, que en la ciencia suelen ser especialmente descriptivas y argumentativas  (Popper, 1983). Es el gran distintivo junto con su facultad racional e inteligente, que indudablemente lo hacen diferente del reino animal. Por tanto, el estudio del hombre (en este caso del comportamiento humano) y el estudio del animal no son lo mismo; es el hombre quien trasciende la naturaleza; los animales por su parte responden naturalmente a sus instintos y cumplen cadenas y ciclos naturales, que se ven, más bien, afectados por las acciones inadecuadas del hombre. Se han hecho extrapolaciones y analogías con base a las experimentaciones animales; y pese a ello “el problema” del hombre sigue abierto a las diferentes ciencias y disciplinas que propenden por el desarrollo individual y  la calidad humana. Bueno Cuadra (2010) expresa:

     “En realidad, a pesar de que ciertas tendencias o colección de tendencias teóricas en psicología (por ejemplo, el cognitivismo) aparezcan hoy en una posición que algunos podrían juzgar como dominante, se halla muy lejos de la realidad la pretensión de que el debate en torno a la naturaleza de la psicología está agotado.”

     Tendencias que, en realidad, son sistemas de constructos mediante los cuales, los teóricos, reconocidos o no, se han inclinado considerando sus sistemas de lenguaje como los que mejor explican - operacionalizan su visión de la conducta o de los procesos mentales. En ellos depositan su confianza, su desempeño-éxito profesional, y mediante los mismos pretenden, tradicionalmente: describir, explicar, predecir o controlar el comportamiento humano.

     De esta manera los constructos son usos teóricos del lenguaje que buscan operacionalmente describir, explicar, definir algún objeto o evento de la realidad (Dicaprio, 1999). Los constructos son usados por la psicología para enmarcar lo “psíquico”, lo “comportamental”, lo “emocional”, lo “moral”. Los sistemas de constructos, especifican o perfilan la concepción de la naturaleza humana; las actuaciones, las pasiones, los impulsos, las afecciones, las habilidades, las variables, en fin, todas las reacciones individuales que caracterizan a la persona, y de los cuales también la psicología se ha considerado como un estandarte en la construcción-comprensión del ser humano. Porque es importante tener en cuenta que entre las mismas profesiones o ciencias, constructos diferentes (versatilidad lingüística- ¿arbitrariedad?),  pueden referirse a los mismos procesos conductuales o mentales… percibidos en la realidad. Al respecto LaFuente (1995) refiere:

     “En estos primeros años del siglo XX, la psicología se veía agitada por profundas convulsiones. Frente al logro de esa aparente “normalidad” científica que pudo haber representado en cierto momento el esfuerzo de síntesis llevado a cabo por Wundt, muy pronto iban a surgir numerosas propuestas alternativas. En 1900 aparecían las grandes obras de Freud y Husserl que daban lugar al movimiento psicoanalítico y fenomenológico. La escuela de Wurzburgo publicaba sus primeros resultados al año siguiente. La orientación americana, prefigurada ya desde los Principios de Psicología  de James, se iba consolidando a primeros de siglo en una corriente funcionalista. Y  de 1912 y 1913 iban a datar respectivamente los arranques de las escuelas gestaltista y conductista. Estas son algunas de las “explosiones domésticas”, como las llama Ortega, que se estaban produciendo por entonces en psicología. No es de extrañar que, en semejante situación, comentase Ortega que “uno de los temas que más se discuten en psicología es la definición de la misma psicología”. “(Ortega, 1915-16, 347)

     Así que los constructos que a la final se configuran en programas o proyectos de investigación científica (Lakatos, 1983), devinieron y se diversificaron formando las distintas escuelas, tanto originarias como clásicas (o “fuerzas” como se les denominó en adelante). Los constructos también son “actos de buena fe” de la ciencia psicológica, que como marcos referenciales y teóricos posibilitan interpretaciones y especulaciones a los investigadores o terapeutas. Y como constructos no son verdades o certezas absolutas; poseen un estatuto de imperfección o de inadecuación que no se puede desconocer u ocultar (de hecho ninguna teoría psicológica es completa… o mejor que otra). Es extraordinario que los teóricos las asuman, todavía, como verdades absolutas e irrefutables, cuando en realidad son guías para el estudio y la comprensión del ser humano, pero se mantienen lejos de la certeza y verdad epistemológicas. Un cuchillo puede ser usado positivamente para cortar determinados objetos, pero también puede convertirse en un peligro potencial para cualquier individuo en la sociedad. Las teorías psicológicas no son ajenas a los usos y abusos, quizás por el afán de la pretendida verdad, efectividad y eficacia psicológicas.

LOS CONSTRUCTOS DEL PSICOANÁLISIS

     El psicoanálisis plantea que el “objeto” de estudio de lo psíquico (por ende la psicología) es lo inconsciente y los procesos que presuponen su dinámica. Allí Freud (1900, 1910, 1923) estructuró los abordajes, estratos o hipótesis acerca de la personalidad; lo telescópico, lo topográfico y lo estructural, dan cuenta de todo el sistema de constructos para interpretar (una realidad no demostrable realmente de forma natural o científico-biológica como se quisiera…o muchos se atreven a legitimar) la dinámica humana inconsciente. De esta manera la teoría psicoanalítica le apuesta a lo “profundo” de la persona, y las variables, procesos, energías, fuerzas, áreas, economías, mediaciones, mecanismos, pulsiones, tensiones, etc., que determinarían el comportamiento humano en últimas; tanto el comportamiento “sano” como el comportamiento denominado “psicopatológico”. A partir de Freud la “invención” de constructos para explicar las actuaciones humanas han rayado desde lo literario, pasando por lo médico-biológico, hasta lo espectacularmente ficticio por la verborrea desbordante que el uso del lenguaje en la teoría se quedó sin control. El psicoanálisis parece contar con una mayor implementación lingüística en elaboración de constructos psicoanalíticos para explicar cualquier proceso individual (Popper, 1983).  No obstante, la “motivación inconsciente” (aunque tremendamente teórica) no deja de ser un constructo que se reflexiona y especula, como fuente de valoración en diversos comportamientos humanos.


LOS CONSTRUCTOS DEL CONDUCTISMO

     Como postura disidente, y continuando con lo que suele ocurrir con la ciencia en general, la pugna, la contraposición o el reemplazo, que intentan lograr los nuevos paradigmas (Khun, 1971), el conductismo no privilegió “lo profundo” en el comportamiento humano, sino que, apostó metodológica y epistemológicamente por el reduccionismo, el inductivismo metodológico,  la continuidad filogenética,  y por supuesto por el asociacionismo. Todos los procesos mentales fueron descartados (constructos no valorados), por tanto también la introspección fue rechazada como metodología en la comprensión del individuo. Desde los trabajos de Pavlov (1890-1900) la conducta refleja (los reflejos condicionados) fue asumida por el conductismo en la clásica descripción E-R (estímulo-respuesta), y los constructos giraron en torno de las operaciones, manipulaciones del individuo sobre su medio (las causas de la conducta); operante, respondente, refuerzos, programas de refuerzos, recompensas, castigo, intervalos, razones, interconductas, expectativas, aprendizaje, variables, datos, factores, etc., vinieron a intentar explicar cómo el individuo exhibe una conducta manifiesta que sólo puede ser objeto de estudio psicológico, y se asumieron los trabajos estadísticos como explicativos de la conducta humana, como lo ilustran alguno psicólogos de corte matemático (Hull, 1952).

     Sin duda que el sistema a partir de los trabajos de Skinner (1938) se “flexibilizó” un poco y ya se habló del análisis experimental de la conducta, y el seguidor del conductismo difícilmente hoy negaría la atención a los procesos mentales como constituyentes del psiquismo humano. No sólo lo observable es lo existente… psicológicamente hablando. Fue, pues, un periodo fuerte donde el modelo de las ciencias naturales implicó la incesante experimentación y manipulación de animales (ratones, perros, palomas, monos…) y la psicología no fue la excepción en buscar un “estatuto” de cientificidad mediante tales observaciones de laboratorio, que se hicieron extensivas a la interpretación del comportamiento humano (por ejemplo: la conducta supersticiosa).  En consecuencia, el objeto de estudio radicó en el “comportamiento observable… y medible”.

LOS CONSTRUCTOS DE LA PSICOLOGÍA HUMANÍSTICA

     La “tercera fuerza”, la humanista, se ha enfocó en el “ser” de la persona; ha disertado y estructurado sus constructos en torno de las potencialidades y posibilidades del individuo en aras de su desarrollo personal y posible trascendencia en la existencia. El movimiento humanístico en psicología básicamente derivó sus constructos del existencialismo y la fenomenología europeos. Entre los términos explicativos o descriptivos del individuo están: ser, existencia, actualización, realización, potencialidad, aprecio, amor, autenticidad, tú, yo, nosotros, “gestalt”, interacción, realidad, trascendencia, consciencia, necesidad, creatividad, entre muchos más. Autores como Rogers (1951, 1959) incluso influyeron en los procesos terapéuticos, independientemente de la escuela psicológica que se adoptase como enfoque individual y profesional.

     Y aunque la crítica para la perspectiva humanística no se hizo esperar: su desventaja ante la demostración de laboratorio o comprobación experimental, sin duda que, los sucesos negativos de las diversas épocas sí parecen evidenciar la infelicidad, el conflicto, alienación, enajenación, contradicción, injusticia, calamidad, que afectan a las sociedades diversas, y que no precisamente requieren del laboratorio o la cientificidad para “ser manifiestas”. Como tampoco el humanismo psicológico ha sido la excepción en cuanto a la pluralidad de posturas o tendencias al interior del mismo. De modo que, el objeto psicológico de la psicología humanista podría expresarse como: “El ser psicológico-humano y su esencia en la existencia”.

LOS CONSTRUCTOS DEL COGNITIVISMO

       Desde los años sesenta la escuela cognitiva de psicología ha venido configurando nuevas formas de nominar, describir, explicar e interpretar los procesos mentales, como expresa Carretero (1997): "En este sentido, creemos que en términos generales puede hablarse, cuando menos, de dos sentidos del término cognitivo. A saber, la psicología cognitiva como estudio específico de los llamados procesos intelectuales de mayor o menor complejidad –percepción, atención, memoria, lenguaje y razonamiento- y la psicología cognitiva como orientación general para estudiar otros muchos aspectos del comportamiento de los seres humanos."

       De modo que, los constructos también adquieren un campo semántico específico y se enfocan exclusivamente en la posibilidades del procesamiento de la información en la "mente humana" (su "funcionamiento"); se habla entonces de esquemas cognitivos, categorías, memoria, lenguaje, representación, conceptos, desarrollo cognitivo, aprendizaje, conciencia, entre otros, que también como macrocategorías, incluyen otros niveles conceptuales.

       El uso de este enfoque es conocido y de amplio desarrollo en la contemporaneidad, y se vuelto práctico en lo educativo, lo clínico, con amplios desarrollos de nuevas teorías y técnicas de intervención. Este sistema de constructos, los de la psicología cognitiva (con notables teóricos de distintas tendencias: Piaget, Vigotsky, Miller, Chomsky, Broadbent, Neisser, Beck, Burns, Galanter, Pribram, entre otros...), consideran que la mente humana opera semejante a un ordenador, así como la existencia de una relación entre pensamientos y emociones... que han abierto un nuevo campo psicológico fuerte y práctico en el ámbito clínico.

LOS CONSTRUCTOS CONFIGURAN O DESCRIBEN LOS OBJETOS DE ESTUDIO

     Como se ha podido percibir, las teorías se constituyen y articulan con base a constructos, que implican la utilización del lenguaje, con base en prácticas previas de observación de los eventos, que los teóricos hacen, cualquiera que sea la ciencia que practiquen. Ribes-Iñesta (2004)  expresan dicho proceso así:

     “La característica fundamental del lenguaje ordinario es su multivocidad o polisemia. Las palabras aisladas per se carecen de significado. Las palabras siempre forman parte de expresiones y es en las expresiones o en las prácticas que las reemplazan y acompañan en donde las palabras cobran su sentido pleno (Austin, 1962). Las expresiones son siempre componentes de una práctica social, siempre ocurren en situación o contexto, y su significado proviene precisamente de su uso en contexto en un momento determinado y por una comunidad lingüística específica.” (p. 13)

     De modo que la psicología a través de su larga centuria, ha oscilado entre diversidad de lenguajes, por los que ha apostado, para comprender  la naturaleza humana, el comportamiento humano, las relaciones interpersonales, las diferencias individuales, la personalidad humana y todos aquellos ámbitos donde la gente se comporte.

UNIDAD Y DIVERSIDAD FRENTE AL “OBJETO” DE LA PSICOLOGÍA

     Lo que no es ocultable en la historia de la psicología es que las “escuelas”, “fuerzas” o “corrientes” se han enfrentado o contrapuesto según su percepción del comportamiento humano, según se centren en un aspecto determinado del mismo, y al cual consideran que “revela” la dinámica de la naturaleza humana, la personalidad humana en general. Así que la pretensión de unidad en medio de la diversidad pudiera parecerse a un grupo de individuos reunidos donde cada cual habla un idioma o lengua diferente. No es algo tan fácil, y suena muy utópico. En un importante artículo Yela (1996) plantea inicialmente lo que se ha venido reflexionando en este texto:

     “La psicología parece hoy, a primera vista, un conjunto diverso y dispar de conocimientos teóricos y de procedimientos prácticos. ¿Es una ciencia? ¿En qué sentido lo es? Y, si lo es, ¿Es una? ¿O más bien la palabra designa ciencias distintas y modos de conocer diferentes? ¿En qué consiste la diversidad patente de la psicología actual? ¿Hay algún fundamento para defender, dentro de esa diversidad, la unidad básica de la ciencia psicológica?” (p. 327)
    
     El mismo artículo de Yela (1996) continúa planteando varios desafíos o falencias que adolecen a la psicología y que hacen realmente casi impensable una unificación o coherencia interna que a todos agrade o favorezca. Este autor sostiene que la psicología se caracteriza por su carácter pletórico, frustrante y dividido (desunido); en el primer sentido, la psicología evidencia una abundante superproducción de contenidos, investigaciones y teorizaciones multiformes acerca de casi todos los aspectos de la vida donde el conocimiento psicológico pudiera explicar algo de ello. Ni qué decir del boom de estudiantes de psicología como también de los nuevos profesionales que cada año egresan.  También la psicología maneja la frustración; esto se refiere a la proliferación de investigaciones y hallazgos que a la postre indican mucho y nada, como si algo esencial del comportamiento humano se escapara a la misma investigación psicológica y sus resultados. Así también la psicología se caracteriza por su división; en las propias palabras de Yela (1996):

     “Finalmente, la mayor frustración proviene de que la psicología se muestra como una ciencia dividida en una multiplicidad de áreas y enfoques inconexos y, lo que es peor, en una diversidad dispar de escuelas que discrepan o se oponen en sus modos de concebir el objeto de su ciencia, el tipo de cuestiones que formulan, los fenómenos a que atienden y las maneras de intervenir en el estudio y solución de los problemas prácticos.” (p. 328).

     A pesar de todo, de los “faltantes” epistemológicos, si puede expresarse así de la falta de integración y unidad dentro de la psicología, debe recordarse que tanto diversidad y unidad son derroteros que la psicología recorre cada día (Trujillo, 2003). Se ha tornado inherente a su quehacer, a sus mismas imposibilidades; pero no por ello debe perder su intencionalidad, al menos en esencia, que es “ayudar” a la persona que “adolece psicológicamente” de algo. Y en esto coinciden algunos autores, en ver-rescatar los presupuestos éticos de la ciencia misma. Caben aquí las preguntas: ¿Qué es lo que interesa a la psicología? ¿Sujetos referentes de investigación?  ¿Individuos afectados por ciertas carencias psicológicas? ¿Organismos o máquinas? ¿Pacientes, clientes o usuarios? No obstante el asunto sigue abierto y la psicología, pese a todo, sigue su curso porque el imaginario o su representación social son admitidos como: una ciencia que ayuda en la comprensión del ser humano.

    Pero pensar en la unidad en medio de tanta diversidad refiere los viejos y a la vez actuales asuntos del “objeto” y el “método”, que también resaltan  otro capítulo polémico de la historia de la ciencia, que desde los mismos griegos quedó abierto sin solución alguna, al menos en lo que concierne a las ciencias sociales y humanas. Porque, en lo que respecta a la psicología, parecieran existir varios “objetos” psicológicos de estudio, aunque no pueda negarse que el individuo estudiado piensa, siente, actúa, percibe; y en lo que respecta al método la ciencia en general avaló y perpetuó el método experimental como el ideal absoluto del saber humano y la investigación científica; y la psicología se “enmarcó” en dicha perspectiva, la cual  realmente, no es que haya brindado muchos frutos como se pregona, y más bien ha permitido un derroche de ingenio en cuanto a los diseños experimentales con animales…o con humanos. Entonces las posibilidades de homogeneidad, integración, unidad, siguen siendo utópicas, porque implicaría que la comunidad general de psicólogos aceptara un “objeto” de estudio claro, único (¿?) y una metodología lineal y exclusiva para el abordaje y la indagación de dicho objeto de estudio, y la realidad del quehacer psicológico está más que lejos de poder ser así. De hecho los psicólogos “se enfocan” en campos de interés -aplicativos-  particulares (pluralismos) y consideran que desde allí también podría “comprenderse toda la conducta humana” en cuestión (Yela, 1989).
  
EL ECLECTICISMO Y LOS CONSTRUCTOS PSICOLÓGICOS

     Precisamente la diversidad y variabilidad de perspectivas psicológicas y metodologías, no eximen a los psicólogos de realizar prácticas, intervenciones e integraciones de tipo ecléctico; en realidad, ni en sus inicios la psicología fue “pura”, pues desde la misma filosofía, fisiología, neurología, sociología, ya devenía como una “colcha de retazos”, que los autores clásicos intentaron delimitar, aclarar o depurar. Asimismo los constructos, como términos de corte teórico e intención operacional, son utilizados por los profesionales e investigadores de la psicología indistintamente si: aporta marcos interpretativos en su intervención; si se muestran como eficaces a la hora de ejercer la terapéutica; si concuerda su definición con la problemática que describe; si brinda posibilidades de avance en la comprensión de la conducta humana (Canguilhem, 1998).

     También los psicólogos suelen alegar por la “identidad” enraizada en alguna escuela de la psicología o enfoque psicológico, pero a la hora de la acción, no es tan posible un “puritanismo” psicológico que valide que dicha perspectiva es la verdadera o ha dado con la esencia del comportamiento humano. No obstante, en un sentido negativo, el eclecticismo es un problema de identidad teórico- práctico. No puede negarse. El ideal, incluso en la ciencia, es ser fiel a aquello en lo que se cree como una verdad. Escribe al respecto Peña (2010):

     “En el contexto de incertidumbre epistemológica y experiencia abismal ante la complejidad de la situación de los múltiples paradigmas de la psicología, el concepto de disciplina Multiparadigmática presenta una alternativa no dogmática -sin caer en el escepticismo, el todo vale, o el eclecticismo-, que reconoce la posibilidad de construir conocimiento desde paradigmas diferentes, donde la crítica se dirige no solo a los otros paradigmas sino también al propio enfoque; crítica que se espera tenga expresión en el debate argumentado en espacios académicos como las aulas de clase, los seminarios o los congresos, e idealmente se publique; estos procesos posibilitan la construcción de redes entre los investigadores, docentes, profesionales y estudiantes.” (p.143)

      De modo que, antes que pensar negativamente de la tendencia ecléctica (tampoco validemos su “todo vale” o “sirve”), no es de rechazarse que la psicología es “multiparadigmática”, lo cual, aunque no ayude mucho en su unidad, si puede conllevar a pensar que la psicología, multiforme en realidad, agrupa un conglomerado de constructos que, si bien no todos, derivan de observaciones “sanas”, “sistemáticas” y “bienintencionadas” por parte de los estudiosos del comportamiento humano. Además que, y por otra parte,  no se puede desconocer la fractura en el objeto de estudio de la psicología, que explica la especialización y racionalización de sus enfoques, asignaturas, aplicaciones, y de lo cual dan cuenta las facultades académicas con sus matrices curriculares (Blanco, 2002)

LOS CONSTRUCTOS SON MULTIFORMES

     En consecuencia, la psicología, epistemológicamente hablando: es multiforme; es decir que adquiere varias formas, matices o perspectivas del comportamiento humano; y éste puede darse en cualquier contexto individual e interindividual. Carácter multiforme que se configura desde los mismos sistemas de constructos creados por los teóricos, según su experiencia fenoménica de la realidad o la interacción humana (Berne, 1964).  Los psicólogos los construyen e implementan porque consideran, en un sentido primeramente básico (Moreno Rodríguez, 2012), que expresan la “pureza” de la psicología en su esencia (la conducta humana); pero luego generan prácticas para probar sus hipótesis de trabajo, de modo que desembocan en la psicología práctica y aplicada, y así poder dar validez y cientificidad a sus constructos teóricos.

   Las “formas psicológicas” (enfoques y abordajes) pueden ser diversificadas por la concepción de ser humano que se tiene, y las variables objeto de observación, estudio e investigación que se priorizan; aprendizaje, memoria, lenguaje, personalidad, motivación, cognición, atención, emoción, temperamento,  etc., estimulan la creación de constructos explicativos de la conducta humana; y todas apuntan a la comprensión del individuo; su conducta (comportamiento) o su interioridad (proceso mentales o internos). Tarea nada fácil si con sinceridad (Yela, 1974)  se admite que algo escapa de la comprensión total del ser humano psicológico; tan volátil,  tan maleable e inmerso en diversidad de contextos de interacción social.
    
     De esta forma los psicólogos encajan en algunas posturas o enfoques psicológicos más que en otros; adquieren una simpatía formativa y conceptual que heredan de sus maestros o contactos directos con la teoría, aparte de que consideran que dicha elección explica magistral y lúcidamente la “verdad comportamental” de la persona; la realidad después, ante tanta efervescencia, ha mostrado cómo los psicólogos inician militando en una tendencia de la cual luego resultan siendo disidentes, cuando perciben quizás mejores concepciones teóricas o parecieran tener insight(s)  de la realidad más aceptables para la explicación o evidencia  epistemológica. Consideran, además, que los nuevos constructos (lenguajes) que idean o a los cuales se adhieren legitiman la realidad psicológica mucho mejor a como solía darse en su anterior tendencia psicológica (Ribes-Iñesta, 2004).
Y, si admitimos que lo anteriormente expresado ocurre así, podría decirse en este tiempo, tan pluralista, tan cambiante, tan influido por el desarrollo extraordinario de las nuevas tecnologías, y el desarrollo abrumador de la técnica en los procesos sociales diversos, epistemológicamente podría admitirse que la unidad y diversidad en la psicología (¿o psicologías?) no es tan trascendental ya, si se comprende que, semejante a otras áreas del saber o ciencias, todo tiende a ser especializado (Caparrós, 1984)  por la misma incapacidad de una sola ciencia de dar cabida y sustento a todas las necesidades humanas. La ciencia de hoy en general es especializada, y la psicología no ha sido la excepción porque el hombre se comporta en cualquier contexto y allí genera procesos que se deben estudiar o intervenir (Arana et al, 2007).

   Así que cabe aquí la humildad de la psicología ante su incapacidad de precisar certera y absolutamente su objeto de estudio (delimitarlo perfectamente), porque otras ciencias también abordan al ser humano, desde otras construcciones y discursos teóricos o prácticos (Civera et al, 2006). Acaso también plausibles. La psicología en su definición y en su delimitación se asume (¿unánimemente?) como el estudio del comportamiento humano y sus procesos mentales, donde quiera que ambas actividades se produzcan; pero es también una ciencia de la interioridad, de la esperanza, de la patología conductual, de la subjetividad, de la motivación, del aprendizaje, de las emociones, de las relaciones humanas,  entre muchas variables más, y que realiza abordajes diferentes según el marco teórico o referencial que los psicólogos prefieran o sean objeto de su competencia. Es la ciencia de la conducta humana en general, si no se asume este término como una categoría única y exclusiva de una vertiente psicológica concreta. Ahora bien, tampoco se descarta que exista una unificación a futuro (Piaget, 1973), tan problemático pensarlo también, pero quizás se admita que la unidad en la diversidad radique en que todos los enfoques mantienen una preocupación por la comprensión y modificación positiva del comportamiento humano, que redunde en la calidad de vida de las sociedades.

     La psicología, entonces, suele ser en este tiempo también: multiforme, flexible y plástica; multiforme porque adquiere diversidad de enfoques teórico - interpretativos de la denominada realidad psicológica (las teorías así lo evidencian); flexible porque no llega a absolutos psicológicos del comportamiento humano, el cual se expande o se cierra en su interpretación teórica, incluso práctica; y plástica porque el individuo va y viene, el objeto de estudio es maleable, voluble, movible, sujeto a múltiples influencias o variables que interfieren en su actuar. ¿Interconductas? (Kantor, 1967)

CONSIDERACIONES FINALES

     Llegados a este punto, pueden sugerirse los siguientes aspectos acerca de la psicología, admitida por algunos como ciencia, por otros como un quehacer disciplinar siempre en construcción:
- Puede admitirse que la psicología se enfoca en el estudio del comportamiento humano y sus procesos mentales; los psicólogos operan, investigan y trabajan allí, dondequiera que el individuo se comporte, interactúe con otras personas.
- El estudio del comportamiento humano y los procesos mentales puede hacerse de manera “científica” y se apela a los criterios de la ciencia; aunque se persevere en el modelo médico, biológico y estadístico de los procesos humanos. O también se puede asumir una postura “disciplinar” de cara a lograr aspectos prácticos y aplicativos que la labor investigativa posibilite.
- Los psicólogos establecen objetivos con respecto al comportamiento humano (describir, explicar, controlar, pronosticar…). Para ello implementan “constructos” explicativos o descriptivos de la realidad humana y psicológica. De esta manera las concepciones de la conducta humana varían tanto como autores existen, pero se sobreentiende que los actos humanos son el  “objeto de estudio” en particular.
- La psicología no logra dar cuenta de “toda” la dinámica humana individual e interindividual (por ejemplo: la personalidad, el aprendizaje, la motivación…), pero ofrece notables razones explicativas de su origen, dinámica, alteración, desafíos, incertidumbres, variables, afectaciones, etc.
- La sociedad en general y la comunidad científica “acepta” el valor, necesidad, funcionalidad de la psicología como una ciencia social que contribuye en una u otra medida a la calidad humana del individuo. La institucionalidad así lo indica y se encuentran psicólogos en las distintas instituciones apoyando, asesorando, valorando procesos humanos y laborales, entre otros.
- El “objeto de estudio” singular de la psicología, el comportamiento y los procesos mentales, inevitablemente,  suscita múltiples miradas, concepciones, teorizaciones, que derivan en corrientes, enfoques, perspectivas, escuelas, sistemas, lo cual no indica necesariamente que existan varios “objetos psicológicos” sino que existen múltiples visiones de la conducta humana.
- La psicología contemporánea es “aplicada”, es decir, valora siempre el papel de las construcciones teóricas, pero busca soluciones prácticas, instrumentales, efectivas, para las distintas vicisitudes humanas. Es una psicología práctica, curiosamente “funcionalista”.
- La psicología del futuro no estará tan enfrascada en cuestiones de “objeto”; precisará la articulación entre instrumentalización, sistematización, técnica y tecnología psicológicas que ayuden a la calidad de vida del individuo en sociedad. Surgirán nuevas “problemáticas psicológicas”, indudablemente, pero el objeto seguirá siendo el hombre en su comportamiento y en su pensar.

     Por consiguiente, cuenta la época contemporánea con una profesión, una ciencia humana, interesada en la calidad de vida individual, colectiva, de la sociedad en general. No es un quehacer fácil, si se atiende a las diversas crisis vitales y problemáticas sociales que afectan negativamente a los países cada día, cada período histórico. Una mirada cotidiana a los medios masivos de comunicación evidencian “el problema del hombre”, del cual la psicología es una mirada-postura más en su contribución al desarrollo de un mejor mundo social. La psicología no lo hace sola, se integra con otras ciencias (la economía, la política, la medicina, la psiquiatría, el trabajo social, la filosofía, el derecho, la administración, la pedagogía, la neurociencia, la biología…) en un quehacer interdisciplinario y transdisciplinario, que dan sentido a su objeto de estudio, pese a contar en su interior mismo con múltiples perspectivas de lo que es el comportamiento humano, y por qué no, la naturaleza humana misma. Por lo tanto, la psicología es la ciencia y la disciplina diversificada del comportamiento humano y sus procesos mentales.

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